Lo que voy a contarte aquí quizá te sorprenda.
Es posible incluso que te enfade, o que te resistas a creerlo.
A no ser que hayas hecho alguna formación conmigo, en cuyo caso ya sabrás de qué te hablo.
Si todavía no me conoces o no has formado parte de mi alumnado y te encuentras en la situación que voy a describir a continuación, puede que este post te resulte incómodo.
¿De qué te hablo?
De lo peor que puede hacer alguien que empieza a escribir literatura infantil:
creer que los mejores críticos para sus cuentos son los niños y niñas que tiene alrededor.
La cosa es más o menos así.
Tú eres madre, padre, maestro, bibliotecaria…
Observas a los niños de tu vida y piensas: “quiero escribir algo para ellos”.
Y te inventas un cuento.
Uno sobre una niña que se llama María (como tu hija).
Que dice, “mi mamá” y “mi papá” y usa diminutivos para casi todo (porque así hablan los niños, claro).
A María le gustan mucho los dragones…
pero no le gusta ir al cole porque se meten con ella,
porque lleva gafas (o cualquier cosa que le esté preocupando a tu hija en ese momento).
Y resulta que un día, por arte de magia (¡qué cuento sería sin magia!),
su dragón de peluche que, ¡mira qué casualidad!, ¡también tiene gafas! (o le falta un ala, o es muy tímido, o lo que sea), se vuelve real…
y la acompaña al cole…
y da una lección a todo el mundo sobre la importancia de aceptar a los demás,
y desde entonces María ya no sufre en clase,
y colorín-colorado-este-cuento-se-ha-acabado.
¡Ole!
Ya tienes tu cuento. Te ha salido precioso.
Perfecto, superinfantil y, sobre todo, cargado de valores.
Que no le falten los valores, que eso es muy importante. Por supuesto.
Ahora tienes que probarlo. ¿A quién se lo puedes leer para que te dé una opinión fiable?
¡Pues a tu hija María!
O a tu nieta.
O al alumnado de tu clase (ahí quizá cambies el nombre y llames al protagonista como la niña o niño al que le acaban de poner gafas).
Por supuesto, a ellos les encanta. Les chifla, te lo piden una y otra vez.
Ahí sientes que sí, que has dado en el clavo. ¡Ese cuento tiene que publicarse!
Se lo enseñas a tu familia y tus amigos.
La opinión es unánime: escribes fenomenal y eso tiene que ser un libro.
Y resulta que lo envías a editoriales.
Pero ninguna de las conocidas te hace ni pajolero caso.
Así que lo mandas a otras que se autodefinen como “independientes”
(quizá un día escriba algo sobre la perversión de este término en el mundo editorial).
¡Y recibes respuesta!
Te dicen que tu cuento es “maravilloso”. ¡Quieren publicarlo!
Ah, pero no van a invertir ni un euro en él, desde luego.
Una cosa es que les parezca “lo mejor que han leído jamás” y otra muy distinta que quieran jugarse la pasta.
Nada de pagarte un adelanto, ¡qué te has pensado!
Al contrario, el dinero lo pones tú.
Aunque no siempre te lo piden directamente.
En muchos casos solo te exigen que firmes un compromiso de venta de libros.
Hablando en planta, para que tu cuento se publique tienes que garantizar que se venderán XXX ejemplares (100, 200, 300… eso ya depende de lo “seguros” que estén del libro).
Si no los vendes, los tendrás que comprar tú.
También puede ser que te digan: “haremos un crowdfunding”.
Que es como decir:
“si tienes suficientes amigos y parientes que te compren el libro de antemano, lo sacamos”.
En fin, a partir de ahí la historia tiene dos finales:
Uno:
Sigues con el autoengaño, publicas y recibes un montón de buenos comentarios de familiares y amigos.
Dos:
Dejas pasar esa “oportunidad” y te preguntas qué es lo que ha ocurrido.
Yo te diré lo que ha ocurrido.
Ha ocurrido que te has dejado llevar por el amor de tu familia y amigos.
Ha ocurrido que te has creído lo de que “los niños son los mejores críticos”,
sin tener en cuenta una cosa:
eso solo es así cuando no son “tus” niños.
Si a tu alumnado o a tus hijos les lees el listín telefónico haciendo caras graciosas y poniendo voces, les chiflará.
Así de exigentes son, cuando hay cariño de por medio.
Ahora puedes hacer dos cosas, pensar me equivoco y enfadarte conmigo…
o decidir que quieres tener “lectores cero” de calidad que te ayuden a escribir mejor.
Otra cosa que puedes hacer es suscribirte a mi newsletter y recibir dos guías que he escrito para quienes empiezan en el mundo de la LIJ.
Lo mismo te resultan útiles.