Desde que empecé a impartir cursos de escritura, una de las preguntas que más escucho es:
“Gracia, ¿tú crees que yo valgo para esto?”
Y lo cierto es que, en el fondo, no se trata de una verdadera pregunta. Quien la hace no desea saber la respuesta a toda costa y sea cual sea.
En realidad esa interrogación es el reflejo a gritos del miedo a no tener talento.
El monstruo en el armario que a todas las personas que hemos soñado con ser escritoras nos ha atormentado en un momento u otro.
Detrás de ese “¿tú crees que valgo?” hay un:
“por favor, dime que sí, que podré hacerlo, no me quites la ilusión”.
Pero también hay un:
“si valgo, si tengo algún talento, ¿por qué no consigo que las editoriales me respondan?”.
Y un:
“ya tengo x años y todavía no he publicado, si no lo hago ahora no lo voy a conseguir”.
Lo curioso es que la respuesta a la maldita pregunta no suele dejar satisfecha a la gente.
Porque la respuesta es “sí y no”.
Sí, vales, seguro. Todo el mundo puede llegar a escribir buena literatura infantil si se lo propone con firmeza.
Todo el mundo.
Pero tiene que proponérselo, tiene que estar firmemente convencido y tiene que saber que, probablemente, si esa pregunta está en su cabeza, es porque en ese momento, fíjate lo que te digo, en ese preciso momento en que hace la pregunta sus textos no valen.
Por eso no recibe respuestas y por eso le entra la prisa.
Pero la prisa es la peor enemiga de la literatura.
De la buena literatura, al menos.
Y también la peor enemiga si quieres llegar a publicar con buenas editoriales.
Porque cuando te enfrentas al “no sé si valgo” hay dos opciones:
Una, autoengaño y prisa:
“yo sí que valgo, pero las editoriales no me comprenden”.
Esta suele acabar en autopublicación y con frecuencia en frustración.
Dos, realismo:
“vale, seguramente valgo, pero tengo que prepararme mejor, tengo que leer más, buscar asesoramiento, formarme, escuchar críticas constructivas, conocer a fondo el mundo editorial”.
Sin prisas,
perseverando,
con paciencia,
aceptando el error y la crítica constructiva.
Este es el camino que eligió mi alumno Jose cuando, hace más de un año y medio me escribió por primera vez preguntado:
“¿Puedo enviarte un texto para que me digas si valgo para escribir o no?”
El texto no era lo que él quería que fuera. No valía.
Estaba a punto de autopublicarlo, pero lo aparcó.
Decidió inscribirse a mi curso Escribir Para Niños.
Después pasó a un nivel superior de formación: hizo mentoría conmigo.
Tras aprender conmigo en la Escuela de Literatura Infantil y Juvenil ELIJ, cumplió su sueño.
Hoy por hoy tiene tres álbumes publicados; dos en editoriales de primerísimo nivel como son Canica Books y OQO, y un tercero que ¡fue un encargo!
Actualmente realiza cuentacuentos de forma profesional y, como digo, incluso ha recibido y sido capaz de culminar con éxito su primer encargo de escritura (bien pagado, por cierto).
Otras personas a las que respondí con las mismas palabras que a él, las mismas, casi exactas, tomaron otro camino y hoy siguen en el punto en el que estaban.
Pero no es porque José Morales valga más o tenga más talento que esas otras personas,
no, de ningún modo.
Solo es porque él optó por trabajar, por escribir, escribir, escribir y reescribir.
Por no dejar de corregir.
Por formarse y probar cosas nuevas, aunque no le apeteciera,
aunque le resultase difícil,
aunque no entendiera el por qué de algunas de ellas.
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